Francia 1938: Un mundial con olor a pólvora en un mundo por estallar
- GirosNi

- 19 may
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Conflictos políticos y militares, boicot contra el mundial mismo por la designación de la sede europea, marcaron el mundial de 1938.
Un año después a nadie le importaba el mundial, ni los goles, ni los récords, los jinetes del apocalipsis ya estaban sueltos

La Copa Mundial de futbol de 1938, ha sido y seguirá siendo la más complicada, no en el terreno deportivo sino en el geopolítico. El mundo contenía la respiración ante la posibilidad de una guerra a gran escala y literalmente el Mundial de ese año se jugó sobre un polvorín. Ese año desaparecieron dos naciones, engullidas por la voracidad nazi, Austria en marzo y Checoslovaquia en septiembre. Sin embargo, hubo fiesta futbolera.
En el plano meramente deportivo, el campeonato se celebró entre el 4 de junio y el 19 de junio y fue la última vez que se utilizó el formato de la edición de 1934, que consistía en la eliminación directa de partido único, el equipo que perdía quedaba automáticamente eliminado, como se hacía en otros deportes, es decir los equipos se eliminaban en la primera ronda, hasta quedar solo los 16 participantes en la Copa Mundial con la variante de que a partir de este campeonato, el país organizador y el campeón de la anterior edición se clasificarían directamente. Es decir Francia, país anfitrión e Italia, campeón, ya estaban clasificados.

Un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la guerra
Ya a estas alturas el futbol estaba consolidado como un deporte de masas y con un enorme arrastre y el entorno geopolítico adverso no detendría la fiesta del mundial, aunque no iba a ser un torneo más, sería el torneo de la guerra, fuertemente marcado por el ambiente prebélico y militarista. Austria, que había clasificado para la Copa, y que era un fuerte aspirante al título quedó fuera al ser anexionada por la Alemania Nazi en marzo, siendo el primer aviso de la guerra. La vacante no se llenó.

No era el único mensaje oscuro, en el lejano Oriente, ya habían empezado la segunda guerra chino japonesa con toda la furia que marcaría los siguientes siete años de conflicto, por lo que Japón canceló su participación en el mundial como representante de Asia. Hitler a quien ya no le importaba nada el mundial, cuya pugna por realizarlo había perdido la sede en 1936 cuando Francia se quedó con la nominación, quería más y estaba presionando por anexarse, primero los Sudetes alemanes de Checoslovaquia y después el país entero como sucedió en septiembre de ese año.
España por su parte se desangraba en una guerra civil, que enfrentó por primera vez dos ideologías antagónicas, el fascismo y el comunismo. La Alemania Nazi y la Italia fascista apoyaron decididamente a los falangistas de franco, mientras la Unión Soviética lo hizo con los republicanos. Realizar un torneo de este calibre en Europa no era tarea sencilla. Italia por su parte estaba enfrascada en su aventura africana y entre 1935 y 1936 había invadido Etiopía, el que finalmente ocupó en 1941. El ambiente no era muy futbolero que se diga.

Así en medio de estas tensiones 16 países se clasificaron para disputar la Copa de Fútbol en Francia. En total 16 países pasaron, de los cuales, como ya mencionamos, uno quedó fuera, Austria, dejando el cupo vacante. A las tensiones militares, se le sumó otra, la tensión provocada por la selección de Francia como país sede, generó su propia tensión adicional.
El boicot de América
Desde el principio se decidió que la sede sería equitativamente, una vez en América y otra en Europa, pero por la fuerte presión francesa apoyada por el presidente de la FIFA, se rompió el acuerdo. En 1936, en la reunión de la FIFA se discutió en Berlín, durante los Juegos Olímpicos que se realizaban en esa ciudad, cuál sería la sede del Mundial de futbol de 1938. Así tres países pusieron su candidatura, Francia, Alemania y Argentina. Se suponía que este último tendría más chance para lograr organizar el Mundial, tomando en cuenta el acuerdo ya establecido de alternar las sedes entre los dos continentes con mayor tradición futbolística.

Pero como los acuerdos son para romperse, Francia presionó al presidente de la FIFA el francés Jules Rimet, y se quedó con la sede, dejando fuera a Alemania y Argentina. Esto provocó el rechazo generalizado de los países de Sudamérica que decidieron un boicot al mundial de Francia en apoyo apoyo a Argentina y al peso que tenía Europa en esta competición, por lo que decidieron decidieron cancelar su participación. Por segunda vez Uruguay, no participó en el Mundial y Argentina se ausentó por primera y única vez en su historia.
Pero el consenso sudamericano se rompió con la decisión de Brasil, de participar, ya que esperaba disputar ser la sede del mundial de 1942 (el cual no se realizó por la guerra). El otro país del continente americano que sí partición fue Cuba logró clasificar por primera vez al Mundial, de forma que el continente americano estuvo representado solo por esos dos países.
Otro de los ausentes fue Gran Bretaña (Escocia, Irlanda del norte, Gales e Inglaterra) debido a que sus asociaciones de fútbol habían renunciado a la FIFA en 1928, quienes consideraban su liga interna, el “British Home Championship”, más importante que la Copa Mundial. No participaron, pese a que la FIFA les ofreció el pase directo para sustituir a la desaparecida Austria. No lo hicieron hasta el mundial de Brasil de 1950.
Sistema de competencia
Los equipos clasificaban en un sistema de eliminación previa a la Copa y de esa forma los clasificados pasan directamente a los octavos.

Los octavos de final de la Tercera Copa Mundial inició el 4 de junio con el único partido del día entre Suiza y Alemania. El sistema utilizado fue el mismo que en el del mundial de Italia 1934: una fase de eliminación directa a partido único entre los 16 participantes. Esta fue la última vez que se utilizó. Si había un empate en tiempo reglamentario, se pasaba a una prórroga de 30 minutos. Y si el marcador seguía igualado, se debía disputar un partido de desempate en otra fecha. Todos los juegos de cada fase se disputaban el mismo día a la misma hora, en sedes diferentes.
Alemania llegó al Mundial reforzado con nueve jugadores austríacos, ahora provincia Alemana, lo cual no fue suficiente para vencer a Suiza, que logró mantener el empate en el tiempo reglamentario y en la prórroga. Así tuvieron que ir a un juego de desempate, el cual ganó Suiza 4-2 dejando fuera a Alemania.
Al día siguiente se realizaron los restantes siete partidos, algo un tanto inexplicable. Francias superó a Bélgica 3-1, mientras Hungría aplastaba a las Indias Orientales Neerladesas 6-0. En otro partido Italia tuvo que sudar para ganarle a Noruega 2-1 y Checoslovaquia también paso apuros en un inicio pero logró imponerse a Países Bajos 3-0.

En esta ronda se dio un empate memorable Cuba, en su primera y única participación en Mundiales, y que participó con 15 jugadores, de 20 permitidos, lo hizo contra Rumania. El juego quedó 3-3 en la prórroga y tuvieron que disputar otro partido, el cual ganó la Isla por marcador 2-1, dejando eliminado a Rumania.
Brasil y Polonia escenificaron uno de los juegos más memorables del torneo, al marcar entre ambos 11 goles, en un partido en el que la defensa dejó muchos huecos. Ganó Brasil 6-5.
En los cuartos de final las cosas fueron cayendo por su propio peso. La campeona Italia, doblegó a la anfitriona Francia 3-1 y Hungría hacía lo propio contra Suiza 2-0. Suecia por su parte destrozó 8-0 a una cansada Cuba, que venía de jugar el desempate contra Rumania.
Por su parte Brasil y Checoslovaquia se trenzaron en una verdadera batlla campal que dejó tres jugadores expulsados y otros dos lesionados. Con justa razón pasó a la historia de los mundiales como “La batalla de Burdeos”. Al final Brasil se impuso 2-1 y pasó a la semi final, que disputaría contra Italia.
La gran polémica
Hungría se enfrentaría a Suecia, por el pase a la final. Los suecos abrieron el marcador, pero Hungría no se inmutó y terminó arrollando a Suecia 5-1 y pasando de esa forma a la gran final.
La otra semifinal fue entre una selección de Italia amenazada por el Duce para “vencer o morir” y un soberbio Brasil, que dio por un hecho un triunfo, en un encuentro que todavía sigue dando de qué hablar. Muchos continúan debatiendo sobre ¿Qué pasó ahí?. No hay una respuesta, solo análisis y especulaciones. Italia le ganó con claridad a Brasil 2-1 en un juego disputado el 16 de junio, el mismo día también se disputó la otra semifinal.

Brasil llegó a ese mundial mostrando un gran juego, vistoso, ofensivo, bien coordinado y brillante, con grandes jugadores, abriéndose paso entre los mejores equipos del mundo. Sin embargo se mantiene esa neblina sobre este juego en particular, en el que el entrenador de Brasil decidió dejar en el banco a sus tres mejores jugadores con el argumento de “dejarlos descansando” para la gran final. Aquí es donde muchos no se ponen de acuerdo.
Primero, en el ambiente europeo fuertemente politizado, Italia iba a luchar con todo por obtener su segunda copa del mundo. Venía de derrotar a la anfitriona Francia y batallar contra un público altamente hostil que no paró de abuchearlos, debido a que los italianos llegaron con una camiseta negra, como los Camisas Negras de Mussolini, en lugar del blanco alternativo, y por el saludo fascista cuando entonaron el himno de su país. Aún así, se las arreglaron para vencer a Francia 3-1. También llegaron cansados.

Brasil, llegó a la semifinal, después de vencer a Checoslovaquia, que unos meses después también dejaría de existir, engullida por la Alemania nazi. Fue un encuentro épico que terminó empatado 1-1, por lo que se le llamó “la batalla de Burdeos”, razón por la que tuvieron que jugar el desempate, que favoreció a Brasil 2-1.
Los dos equipos llegaron fatigados por sus encuentros previos. Sin embargo el entrenador de Italia, Vittorio Pozzo puso sobre el terreno a todo su plantel titular, entre ellos Gino Colaussi, Silvio Piola, autor de dos goles en la final, y Giuseppe Meazza. No así el de Brasil Ademar Pimenta, que dejó en el banco a sus titulares Leônidas Da Silva, el mejor jugador de Brasil y mejor goleador del torneo, y que en el juego por el tercer lugar anotó dos goles, Tim de Padua Lima y José Augusto Brandão. Las dudas persisten.
Se ha argumentado el enorme cansancio de los jugadores, debido a los agotadores encuentros previos, los largos viajes, primero desde Sudamérica, y luego en los diferentes traslados por las diferentes ciudades francesas. También se agrega que el futbol en esa época era muchos más fuerte y violento, en el que había poca protección arbitral (no había tarjetas, ni amarilla ni roja), el juego contra Checoslovaquia fue un ejemplo de ello, varios jugadores checos no estuvieron en el juego de desempate con Brasil debido a las lesiones. Algunos analistas anotan que los atletas no estaban también preparados para torneos tan exigentes como una copa mundial.
En lo que sí la mayoría coincide es que Brasil subestimó de sobremanera a su adversario, a tal punto que estaban tan seguros de ganar que compraron de adelantado los boletos de avión para viajar de Marsella a París, donde se jugaría la gran final. Un error que volverían a cometer en 1950.
Aquí se dio un episodio anecdótico ya que cuando la delegación italiana supo de los boletos, el entrenador Vittorio Pozzo fue al hotel donde estaban los brasileños para que les revendieran los pasajes en caso de que Italia ganara, pero los brasileños se burlaron diciendo que serían ellos quienes viajarían a París. Se dice que después de la derrota, los brasileños se negaron a venderles los boletos.

La gran final: vencer o morir
La gran final de la Copa fue el 19 de junio, el mismo día y la misma hora, las cinco en punto de la tarde, que el juego por el tercer lugar. Bueno, era el tercer campeonato mundial, en algo debieron fallar.
Antes del encuentro final la selección italiana recibió un telegrama directo desde Roma, firmado por el dictador Benito Mussolini que contenía únicamente tres palabras: "Vincere o morire" (Vencer o morir). Una frase que puede tener una fuerte carga motivacional antes de un encuentro clave como ese, pero en la retórica fascista de la época los jugadores sabían perfectamente que una derrota tendcría consecuencias nefastas para sus carreras y sus vidas al regresar a Italia.

Así ante más de 45 mil personas, en el estadio olímpico Colombe, las dos selecciones estaban dispuestas a dar todo lo que tenían, eran dos equipos a cual más diferentes, el rigor defensivo y la fuerza de la Italia contra la técnica y eficacia goleadora húngara. Fue un juego cerrado, duro para ambas partes que finalmente los italianos terminaron ganando 4-2.
Los franceses que habían abucheado a los italianos se levantaron para aplaudir la calidad de campeón que había derrotado a los Húngaros. Así se cerró el telón para el fútbol mundial, al tiempo que se abrían las puertas para desatar el apocalipsis de la Segunda Guerra Mundial, que dejó más de 60 millones de muertos y un mundo en ruinas. No hubo más mundiales hasta 1950.

Los mundiales de la década de 1930 fueron una luz en medio de las tinieblas que cernían sobre el mundo de las entreguerras y particularmente el de 1938, que se dio al borde del precipicio hacia el que se dirigía el mundo. Quizá no fue el mejor o quizá fue el peor, pero se hizo, superando presiones, propaganda política, amenazas. El mundo de las competiciones deportivas se puso en pausa por 12 años, regresando en 1950 a otro mundo todavía sangrante. El mundo de antes de 1938, ya no existía.
Próxima entrega: Brasil 1950, el trauma de una generación



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